- Evelin Ríos, cocreadora de una operadora turística para personas con discapacidad visual, expuso una experiencia de agresión verbal tras tropezar con mercancía colocada en la banqueta.
Por: Catalina Martínez
Esta semana en las redes sociales, hizo una queja pública Evelin Ríos Estefes, cocreadora de la primera operadora turística en Tulancingo para discapacitados visuales, permitiendo saber de la intolerancia, falta empatía y de la sensibilidad y trabajo del gobierno local, respecto a quienes tienen limitantes de vista para transitar por las calles.
Evelin, originaria de Tulancingo, describe: “Hola. Soy una persona con discapacidad visual a quien le costó mucho trabajo volverse independiente. Me daba miedo salir a las calles, ya que sentía que, al salir sola, me arriesgaba a todo tipo de peligros. Sin embargo, logré vencer ese miedo y hoy, con orgullo, puedo decir que soy una mujer totalmente independiente.
Sin embargo, el día de ayer me ocurrió algo que me hizo volver a sentir miedo e inseguridad.
Mientras me bajaba del transporte público, al parecer, con mi bolsa tiré una mesa que tenía gelatinas. Yo no me di cuenta de lo ocurrido hasta que, unos metros más adelante, una señora comenzó a gritarme que le había tirado su mercancía.
Me detuve y, en algún punto de la conversación, la señora comenzó a alzarme la voz y a decirme que yo mentía al decir que tenía una discapacidad, porque me vio levantar del suelo mi bastón, que se me había caído unos pasos atrás.
Yo me molesté mucho y comenzamos a discutir.
Le pregunté dónde estaban sus gelatinas y me contestó que en una mesa. Después le pregunté dónde estaba colocada la mesa y me dijo que en la banqueta.
Fue entonces cuando la señora comenzó a gritarme que yo sí veía y que solamente me hacía la que no veía para joder a la gente. Esto me hizo enfadar muchísimo y decidí retirarme.
En ese momento, ni siquiera pensé en si yo debía pagar o no la mercancía que había perdido. Mientras seguía caminando, me dijo que ni siquiera le había ofrecido una disculpa.
Yo estaba tan enojada que le contesté que si debía ofrecerle una disculpa por estorbar la vía pública. Y me fui.
Este hecho me tiene completamente enfadada, asustada y triste, ya que ahora me siento insegura de volver a pasar por esa zona. Yo no puedo reconocer a la persona, pero esa persona sí puede reconocerme a mí, y no sé si, en su enfado, en algún momento pudiera pensar en hacerme algo.
Pero quiero preguntarles:
¿Cómo se procede en estos casos?
¿Cuáles son sus derechos como persona trabajadora?
¿Y cuáles son los míos como persona con discapacidad?
En mi ciudad no suelo encontrarme con muchas personas con discapacidad y, aunque sé que situaciones como esta pueden ocurrir en muchos lugares, de alguna manera entiendo por qué algunas familias no les permiten salir solos o solas, o por qué las mismas personas con discapacidad sienten miedo de salir sin compañía en nuestra ciudad.
Y creo que justamente de eso tenemos que hablar: de cómo podemos convivir en el espacio público sin que los derechos de una persona tengan que pasar por encima de los derechos de otra.
Porque el derecho a trabajar de unos no puede anular el derecho a transitar con seguridad de otros.”